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domingo, 2 de noviembre de 2008

Ernesto Sánchez Fajardo

‘El Jilguero del Huascarán’

Ernesto Sánchez Fajardo, ‘El Jilguero del Huascarán’, se fue de este mundo hace 20 años, pero su voz y presencia persisten. Hace unos días el Instituto Nacional de Cultura (INC) lo reconoció como Personalidad Meritoria de la Cultura Peruana y declaró su obra musical como Patrimonio Cultural de la Nación. Aquí recordamos al artista y su compromiso social.

Por Raúl Mendoza

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En una publicación de los años 60 se puede leer de Ernesto Sánchez Fajardo, El Jilguero del Huscarán: "Cuando se presenta en los escenarios de los coliseos Dos de Mayo o el Nacional (ahora canta en el primero) todo el público aplaude y aún lanza alaridos de júbilo. El anunciador del Coliseo Dos de Mayo lo presenta: ‘Aquí está el gigante de la canción ancashina’. Y no es ningún gigante. Me honro con su amistad desde hace quince años. Es un muchacho delgado, de aspecto frágil, casi enfermizo. Cuando ha interpretado cinco o seis canciones y hace como que se va del escenario, el alarido del público se repite…". El texto es parte de un estudio sobre la música popular y sus intérpretes, y lo firma José María Arguedas.

Ernesto Sánchez Fajardo, en efecto, se hizo estrella en los coliseos y de allí pasó a la radio y el disco para lograr el éxito masivo. Llegó a la capital con la ola de migrantes en los años 40 y se quedó para hacer oír su voz como cantante. Su hija, July Sánchez Fuentes, cuenta que hizo el camino desde su natal Bambas, Áncash, a Lima, en varios años. "Se fue de su casa a los siete años. Se quedaba trabajando en los pueblos. Fue peón en las haciendas y ayudante en un montón de sitios". Partió niño y llegó adolescente a la capital. Aquí trabajaba en los mercados y al final de la jornada cantaba huaynos de su tierra –o chuscadas– para engañar al corazón y a la nostalgia.

Más tarde dejó los mercados para vender cancioneros que promocionaba interpretando él mismo las canciones. "El año 42 se vinculó con grupos folklóricos y ahí inició su carrera artística", dice su hija. Por entonces los coliseos eran lugares de reunión de gente provinciana y en ellos actuaban compañías artísticas de bailarines y cantantes. Él empezó como asistente de los consagrados y escaló uno a uno los peldaños de la fama: fue bailarín, hizo coros, cantó en grupo y llegó a solista. Esa historia de esfuerzo la comparten muchos artistas de la época. La compañía que lo acogió era dirigida por la soprano Luz Gálvez y fue ella quien lo bautizó el día del debut: Jilguero del Huascarán.

 
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Inicios. Jilguero del Huascarán (de pie) en los años 40. A su derecha, Maruja, que sería su esposa.
 
Luego vendrían las presentaciones y el camino a la consagración. Grabó sus primeros discos de 45 con otro cantante de su tierra, Jacinto Palacios, por iniciativa del escritor José María Arguedas, a fines de la década del 40. De entonces queda una anécdota: la grabación fue enviada a Argentina y los discos llegaron con las etiquetas cambiadas. La grabación del Jilguero fue atribuida a Palacios y viceversa. Sin embargo, su leyenda crecería –en vivo– en los coliseos. Arguedas lo iba a ver y lo admiraba: "El Coliseo todo es dominado por la voz, por la intención ardiente, siempre ardiente y sincera con que la bellísima voz del Jilguero trae al ambiente, ya estremecido, la imagen del mundo cíclopeo pero no tan adusto, no tan bravío del Callejón de Huaylas…".

Conciencia social

En la década del 50 El Jilguero del Huascarán llegó a la radio y al disco y, por fin, el éxito le mostró su mejor sonrisa. Por entonces los artistas andinos apenas arañaban la popularidad, pero el fenómeno crecía. A la par del Jilguero también empezaban a sonar de manera constante Jaime Guardia y la Lira Paucina, Pastorita Huaracina, Wara Wara, entre otros. El Jilguero del Huascarán fue el primer artista folklórico que grabó un long- play como solista y el primero en obtener un disco de oro en 1960 con el tema "Marujita", acaso su canción más recordada. Sus canciones hablaban de amor, de desengaño, de desarraigo, de despecho, pero también de injusticia y de protesta contra la opresión.

"Él se diferenció de otros artistas porque muchos de sus temas tocaban lo social. Sus letras no tenían un nivel poético complejo, pero eran directas y cercanas a las aspiraciones de la población", explica su hija July. A contracorriente de artistas exitosos que dejan de lado su inquietud social, El Jilguero nunca hizo concesiones. Prueba de ello son muchas letras de canciones de la década del 60, cuando era más famoso que nunca. "Señores burgomaestres, cuidado con claudicar / tantas promesas leales, cuidado con olvidar / dejen las compadrerías, esa injusticia social / líbrennos de las miserias y de tanta indignidad" dice en "Señores alcaldes". Otra más: "Si revivieran Luis Pardo, el gran Alama y Atusparia / no habría tantos abusos con la clase proletaria / a las palabras del pobre nunca le dan las razones / aunque la razón les sobre, más pueden las opresiones". Letra de "Verdades que amargan".

 
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FACETAS. En 1979 ocupó un escaño en la Asamblea Constituyente
 
A fines de los años 60 tuvo un programa de radio, "El Cantar de los Andes" y desde allí lideró una movilización por la creación de una universidad en Áncash, algo que se logró años después. Por esta época también se dedicó a organizar a los artistas. Fue fundador y secretario general del Sindicato de Artistas Folklóricos del Perú y presidente de la Federación Nacional Folklórica del Perú. "Entre los años 60 y 70 él hizo mucha labor social. Llevaba ayuda a las cárceles, daba conciertos en provincias, tenía contacto con sindicatos y estudiantes", cuenta su hija July. Tenía arraigo entre la gente de a pie. Por eso no fue extraño que fuera elegido para la Asamblea Constituyente en 1979.

Fueron los últimos años en que se subió a los escenarios. July, investigadora en la Escuela Nacional de Folklore José María Arguedas, hoy lo recuerda ataviado con su sombrero, el poncho oscuro y las botas altas, a la manera de Luis Pardo, el bandolero ancashino. Ella tiene preparado un libro sobre la vida de su padre que se llamará "El Canto de un Jilguero" y será publicado el próximo año. Ernesto Sánchez Fajardo, El Jilguero del Huascarán, murió en un accidente de tránsito en 1988, pero ese es un dato en su biografía. La resolución del INC que lo declara Personalidad Meritoria de la Cultura Peruana señala la esencia de su trayectoria: "contribuyó decisivamente a la vigencia, fomento y transmisión de la música tradicional popular de la Región Áncash". Este año hubiera cumplido 80 años.

Un cronista musical

 
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En 1974, en el Coliseo del Puente del Ejército.
 
Por Julio Mendívil, musicólogo peruano radicado en Alemania

No hay mejor palabra para definir al Jilguero del Huascarán que la de cronista. Sus canciones encierran todas las facetas de la vida de los pueblos del Ande. Su canto ensalza la alegría, expresa el dolor, llora el amor perdido o la soledad del desamor, canta a los seres queridos, a la amada, a la madre o a los hijos, loa la naturaleza exaltando la majestuosidad de las montañas y los ríos o la injuria cuando lamenta los desastres naturales que azotan los pagos remotos. Como todo buen cronista, El Jilguero también ha recogido el sufrimiento de su pueblo. Así, muchas de sus canciones están dedicadas a denunciar el maltrato y la injusticia que padece el hombre común de los Andes. Pero su canto no se conforma con ser denuncia, sino que, más allá de ello, se esfuerza por abrir nuevos caminos hacia un mundo nuevo. El canto del Jilguero es también un canto al futuro. 

Fuente: Dominical La Republica


viernes, 24 de octubre de 2008

Alberto Guzmán Barrón


Médico, profesor - investigador

Alberto Guzmán Barrón, al igual que sus hermanos - siete, todos varones, de los que Alberto fue el cuarto - hicieron sus estudios primarios al lado de sus padres en Huari (Ancash). Su padre era muy exigente con sus estudios. Él que había visto truncados sus estudios científicos, trató de orientar a sus hijos a este campo logrando llegaran a ser excelentes profesionales.

Terminada la Secundaria, Alberto ingresó a premédicas en la Universidad de San Marcos, continuando los estudios médicos en la Facultad de Medicina de San Fernando, de la misma universidad. Se tituló como médico obteniendo también el grado de Doctor en medicina.

Siendo aún estudiante, se desempeñó como ayudante de laboratorio (1923). Terminando los estudios profesionales pasó por todas las etapas de la docencia universitaria hasta llegar a ser profesor principal en la cátedra de Bioquímica y Nutrición.

Los estudios de especialidad en Bioquímica los realiza en la Universidad de Chicago, bajo la dirección de su hermano mayor, Eleazar, también

 médico, profesor - investigador en esa universidad. Allí viaja Alberto en 1935 en compañía de su esposa Celia y de su primogénito Tito, de apenas dos años. La influencia de su hermano fue decisiva para la elección de la especialidad, aún antes de su viaje a Chicago. Años después, invitado por las Naciones Unidas, lleva un curso sobre radioisótopos aplicados a la medicina, en la Universidad de Sao Paulo, Brasil. Posteriormente viajará también a la Universidad de Harvard invitado a llevar una serie de cursos sobre la organización moderna de la enseñanza e investigación.

Como médico bioquímico destaca sobremanera, tanto en la cátedra como en la investigación. Había nacido para ello. Aunque trabajó varios años en el Hospital Militar, al frente del laboratorio, su trabajo profesional lo desarrolló, principalmente, en la Facultad de Medicina de San Fernando, en donde llegó a ser Decano de la misma.

Junto con su hermano Eleazar proyectaron y consiguieron financiar la creación del Instituto de Bioquímica y Nutrición en la Facultad de San Fernando, en el que el Dr. Alberto Guzmán Barrón, Director del mismo, volcó toda su sabiduría y esfuerzo. El Dr. Guzmán Barrón está considerado como el creador de la Bioquímica moderna en el Perú, habiendo contado siempre con el apoyo de su hermano Eleazar, quien falleciera en 1957.

Sus investigaciones iniciales trataron sobre la enfermedad de Carrión, las enfermedades tropicales y las oxidaciones celulares. Pero el gran número de las mismas a partir, sobre todo, de su estadía en Chicago, versarán sobre la nutrición humana. Sentía profundamente la desgracia de tantos compatriotas con deficiencias nutritivas severas, y para contribuir a su solución llegó a estudiar muchos alimentos de origen peruano, encontrando una gran variedad de ellos ricos en los diversos nutrientes.

Contando con la colaboración de la SQP, especialmente con la de su presidente, en ese entonces, Dr. Gastón Pons Muzzo, organiza una serie de cursos sobre Nutrición, dirigidos a los servidores de la salud, a maestros, etc. Se llevaron a cabo en Lima, Trujillo, Arequipa y Piura. El Instituto Hipólito Unanue apoyó igualmente esta iniciativa.

Entre los años 1980 y 1982 publica el tratado de Nutrición Humana, en colaboración con otros colegas, como la Dra. Teresa Blanco de Alvarado.

Se hizo miembro de la SQP, creada hacía pocos años, en 1933. Llegó a formar parte de gran número de Consejos Directivos de la misma, en diferentes cargos, habiendo sido su presidente por tres períodos (seis años), y presidido comisiones de eventos científicos organizados por la Sociedad, como el Tercer Congreso Peruano de Química y las Terceras Jornadas Peruanas de Bromatología y Nutrición. Por medio siglo participó activamente en el quehacer de esta Sociedad.

Fue siempre un entusiasta colaborador de la revista científica, el Boletín (hoy Revista) de la Sociedad Química, en el que publicó muchos de sus trabajos, unos quince sobre sus investigaciones, entre los años 1939 y 1974, habiendo contribuido al prestigio de la misma. La permanencia de esta publicación - 73 años ininterrumpidos, con 4 números por año - sólo se explica gracias al impulso inicial que le imprimieron los fundadores y otros que, como el Dr. Alberto Guzmán Barrón y Juan de Dios Guevara Romero, trabajaron incansablemente por mantener su calidad, convirtiéndose en un valioso apoyo para los investigadores peruanos en las diferentes áreas de la Química básica y aplicada.

Al final de sus días reconoció ante sus hijos haberse sentido plenamente realizado, atribuyéndolo a que siempre había trabajado en lo que más le gustaba. Ciertamente, en el Dr. Guzmán Barrón se cumplió el dicho: "no hay ética profesional sin satisfacción personal". Fue siempre un hombre de firmes convicciones que disfrutaba de su trabajo. Fallece el 5 de noviembre de 1988, a los 85 años de edad. 

Formato ISO
VALLES, L. Dr. Alberto Guzmán Barrón. Rev. Soc. Quím. Perú, ene./mar. 2006, vol.72, no.1, p.1-2. ISSN 1810-634X.

Formato Documento Electrónico (ISO)
VALLES, L. Dr. Alberto Guzmán Barrón. Rev. Soc. Quím. Perú. [online]. ene./mar. 2006, vol.72, no.1 [citado 24 Octubre 2008], p.1-2. Disponible en la World Wide Web: . ISSN 1810-634X.