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lunes, 12 de enero de 2009

Armando Alvarado Montoro.

'Padre mío, no habrá distancia que nos pueda separar, ni otras prioridades que logren evitar que este día, como ayer, nos volvamos a encontrar…. NAB 15 SET 2005.'. 

Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo) 

De niño y de joven poco advertí la ternura de mi papá, pues mi condición de varón me predisponía a negar lo que pudiese constituir flaqueza de espíritu; es decir, sentimientos que atribuía como patrimonio de mi mamá. Hasta me preguntaba: ¿un paisano de Luis Pardo tiene derecho a ser sentimental?, !Nooo manan  imaipis!, ese derecho es de las mujeres, pensaba. De pronto tuve en mis brazos a mi primera hija, tan frágil que parecía que se me iba a escurrir. Fue así cómo experimenté

 por vez primera ese sentimiento: ¡me había convertido en papá!. Cuando mis hijos crecieron vi en sus ojos las mismas preguntas que me hice de niño, y seguramente las mismas preguntas que mi papá se hizo frente a mi abuelo Felipe, quién partió al lado de Dios muy joven aún. 

Hoy, años después, creo sin dudar, que cuando uno tiene hijos recién comprende a su padre. Los consejos, la mano firme y la mirada severa que en algún momento de mi juventud me causaron malestar, empezaron a tener sentido; pero como en aquellos años, dichos modelos no se ajustaban al deseo ni al ímpetu propios de mi ser, recién con el nacimiento de mis hijos los aquilaté y adopté como propios, porque de ese amor puro, oculto tras el gesto serio de mi viejo, surgió el ejemplo en toda su grandeza, mostrándome el otro perfil del sentimiento: el amor que alerta, que modera, que enseña, que quizá silencia las manifestaciones más sutiles, pero que está ahí, como un ángel guardián, dispuesto a todo por mitigar el sufrimiento del hijo.

Y así vienen nuevos eslabones, los hijos nos convertimos en padres, abuelos y con el tiempo en bisabuelos y tatarabuelos, si Dios nos alarga la vida. Las mismas dudas, el mismo temor de no saber si aquello que estamos ofreciendo a nuestros hijos es lo más adecuado. Sólo sé que les estoy brindando mis mejores sentimientos, aquel que aún tropieza al tratar de llegar a ellos, y que todos conocemos como: AMOR. Sé que tu amor es igual o quizás mayor del que he narrado de mi propio vivir, porque el ser humano nace con la Bendición Divina para ser un buen padre. A estas alturas de mi vida pensar en Chiquián, en sus hijos y en los hijos de sus hijos, es retrotraer el tiempo y sonreír recordando a los amigos y amigas de mi generación, que avanza de puntillas el sendero de la tarde; pero también para agradecer con veneración a todos y cada uno de los seres humanos que con su ejemplo moldearon mi personalidad y me guiaron por el empedrado camino de la vida.

Mi papá Armando nació el 15 de setiembre de 1923 en un dulce hogar forjado con harina de Huaraz y levadura de Huacho, en el apacible pueblo de CAJACAY, un acogedor rincón andino a 2,600 metros sobre el nivel del mar, al que los lugareños han bautizado con orgullo:  “Atenas de Ancash” por la geografía en que reposa su estructura urbana y la reconocida inteligencia de sus hijos predilectos, quienes año tras año corren presurosos al llamado del Santo Patrón San Agustín y a orar al milagroso Señor de Chaucayán.

A los ocho días de nacido fue bautizado en la Capilla de Cajacay, siendo su padrino don Antonio Sotelo. La ceremonia se llevó a cabo de manera anticipada, como una forma de adelantarse al Mandato Supremo del sueño eterno, ya que nació delicado de salud y con peso pluma. A los pocos días se trasladó a Chiquián con mi abuelo Felipe Alvarado Garro, mi abuelita Victoria Montoro Ramírez y mi tío Rómulo Alvarado Montoro de dos añitos de edad en aquel entonces.

Ya en Chiquián, les fue difícil integrarse al pueblo, que venía atravesando una crisis de convivencia pacífica. El germen de la política barata, la prepotencia y del abuso azotaba a los núcleos familiares que para subsistir se agrupaban en argollas y componendas que culminaban en traicioneras escaramuzas con contusos y heridos. Es así qué, ante la imposibilidad de pertenecer a un bando político sin generar malos entendidos con los otros, este pacífico grupo conformado por papá, mamá y los dos pequeños, optó por retornar a Cajacay donde durante diez años se dedicaron a las labores de zapatería y panadería.

En sus pocos ratos libres de niños trabajadores y estudiantes de primaria, Rómulo y Armando hilvanaban sus sueños en las veredas de lajas y las calles polvorientas de su modesto barrio de Cinco Esquinas de Cajacay, ya sea jugando “calachaquis” al fútbol con pucash de chancho o a los vaqueros con caballos de madera y riendas de elástico, matagente con pelota de trapo, trompo de eucalipto, bolero de huarango, canga de aliso, chuncando con pushpus bayos y pintos o fabricando carritos de madera y hojalata o cazando pajaritos y shulacos con hondilla en las chacras del lugar. Con el paso de los años Cajacay resulto un mercado pequeño para los sueños de la familia, por lo que retornaron a Chiquián, iniciando una modesta, pero pujante empresa panificadora donde los hermanitos Rómulo y Armando inauguraron el primer negocio ambulatorio de la zona, ofreciendo de puerta en puerta sus semitas, jaratantas y bizcochos, que en poco tiempo fueron los preferidos de los amigos chiquianos, huastinos, aquinos, carcacinos, llaminos, corpanquinos y roqueños. Pero esos sueños de pequeños vendedores de ilusiones, a veces era despertado por el chasquido de algún fuete que algún notable del pueblo de Chiquián hacía resonar sobre sus cabezas, haciendo caer al piso sus canastas con panes. Gracias a Dios, estos abusos no los amilanaron y siguieron labrando su futuro con la frente en alto.

De 1933 a 1937, con dos hondillas en el cuello y los bolsillos repletos de esperanza, el todavía pequeño Armando, a quien ya sus amiguitos habían bautizado con el sobrenombre de Chuqui, por su habitual uso del sombrero de paño blanco huarino, ayudó a su papá Felipe en el transporte de productos alimenticios de Barranca a Chiquián a lomo de burro y mula. Estos viajes duraban entre cuatro y cinco días de ida y nueve días los de retorno. Dichas expediciones lo hacían con 25 animales de carga y cuatro arrieros como mínimo, entre los que destacaban los chiquianos Marcos Ñato y Mauro Ramírez, algunas veces por las rutas de Ocros y otras tantas por las de Cajacay, ruta del bandolero romántico.

Cada viaje era una odisea interminable; un día en el solitario Chonta, otro en Raquia, otro en Chasquitambo, luego en Huaricanga y por fin Tunán, última pascana del periplo, donde aguardaban pequeños camiones para trasladarlos a Barranca. Los días de lluvia el lodo les llegaba hasta las rodillas, patinaban sus pies y los llanques impregnados de barro pesaban kilos; muchos ponchos de agua raídos y rotos por las espinas y las filudas piedras, amén de las luxaciones de tobillos donde el joven “Muchqui Valerio” hizo sus primeras prácticas con emplastos de pollo tierno, llantén, achupalla y ron alcanforado.

Iniciaban su viaje contemplando los potreros chiquianos y las chacras de dorados trigales simulando ponchos que el viento cardaba a su paso. A estas alturas el clima aun es templado. Luego viene la inmensa Pampa de Lampas Alto, ya hace frío, el ichu silba huaynos tristes y el viento baila con los pajonales; después cerros con abundante vegetación perfumada de flores silvestres escoltan el paso de los arrieros, mientras los riachuelos Macocha, Vado, Cajacay y Marca se van ensanchando sirviéndoles de guía en la dura travesía.

Durante la caminata Armando iba cazando tortolitas, torcazas, tupuc chiquitos, chacuas y vizcachas que cocinaban en improvisados fogones y consumían con sabor a gloria durante el lento y difícil viaje, que más de las veces era interrumpido por algunos malos imitadores de bandoleros, amigos de lo ajeno, quienes con la cómplice sorpresa de un zarpazo les arrebataban sus pertenencias, cubriéndose el rostro con pañuelos empapados de cobarde sudor frío.

Siguiendo la ruta del camino de herradura van apareciendo bosques de enormes moles pétreas aceradas donde el viento cambia de dirección de un momento a otro. Para cortar camino, bajan a través de angostas cornisas que el tiempo ha tallado en granito; luego vienen cerros escarpados en cuyas bajadas peligrosas los burros pierden el control golpeándose contra las paredes de los desfiladeros. Muchos cuadrúpedos quedan muertos a la intemperie con las patas mirando el firmamento, aptos para el festín de los zorros y las aves de rapiña.

Horas más abajo aparece el sinuoso río Fortaleza. Allí se observan abundantes columnas de cactus con brazos enanos y espinas que apuntan al cielo azul como dedos gigantes arañando el aire quieto de la quebrada. En el lugar el clima es cálido y abrigador, la modorra hace presa del arriero y el sueño parece que se va y retorna en un vaivén incesante que enerva la resistencia física. También está presente el miedo a la culebra coralillo y a los mosquitos, y pronto la cabeza afiebrada martilla: ¡paludismo!, entonces la mente apura, aunque los ojos se cierren... Y así van pasando Colquioc, entre arbustos, sauces, algarrobos, pacaes, papayas, paltos, yucas y cañaverales...

Después, y sólo después de tanto caminar venía la añorada planicie costeña. A la distancia la chimenea de Paramonga les daba la bienvenida arrojando humo negro al cielo gris. De ahí para adelante, si no encontraban un camión, atravesaban caminando Cerro Blanco y luego a torear los carros en la carretera Panamericana Norte y buscar un lugar donde asearse para arribar a Barranca con aroma a jaratanta; hospitalaria ciudad limeña que hoy está poblada por provincianos de los departamentos norteños. En Barranca, “Capital de la Solidaridad”, permanecían un par de días repartiendo encargos a los paisanos residentes, y adquiriendo productos para el retorno lento y pesado a Chiquián, que los vería llegar después de 17 días de penitencia.

Hoy, cada vez que contemplo desde el balcón de mis recuerdos los abruptos desfiladeros por donde mi abuelo, mi padre y sus amigos arrieros surcaron a pie para llevar un pedacito de la costa a Chiquián, en aquel entonces: 'puerto' de los pueblos aledaños, ahora, 'lugar de paso', elevo una oración por los viejos caminos perdidos en el tiempo, pero que se levantan como señales perpetuas de fatiga y lágrimas, conservando por siempre las energías de tantos viajeros que palmo a palmo cubrieron largas distancias con sus pesadas cargas a cuestas, dialogando a su paso con humildad y sencillez con la Madre Naturaleza que les daba todo el abrigo de sus entrañas...

En sus vacaciones escolares Armando fue testigo de cómo pieza a pieza armaron el primer vehículo automotor en Chiquián, un camión que llegó por partes a lomo de mula. Esta hazaña sin precedentes en la zona fue realizada por la Municipalidad Provincial de Bolognesi con el apoyo mecánico de don Benjamín Robles Valverde, quien desde hacía unos años venía trabajando como chofer profesional en Cerro de Pasco y las haciendas “Rontoy” y “Alpas” del norte chico. La caseta fue fabricada con clavo, madera de eucalipto y pintura al duco. Fue también don Benjamín Robles, quien con dedicación y cariño enseñó a manejar sin cobrarles ni  un puñado de cancha a muchos chiquianos, entre ellos a Armando, con clases de reparación y mantenimiento de yapa. Con el tiempo llegaron los camiones de la familias Roque, Moncada, Alvarado, Aranda, entre otros comerciantes chiquianos, estrechándose de esta manera el tiempo y la distancia entre Chiquián y sus hijos residentes en Huaraz, Barranca, Huacho y Lima, con servicio adicional de pasajeros y encomiendas a domicilio, ya que en ese entonces no circulaban por la ruta omnibuses, camionetas ni automóviles.

En enero de 1939, Armando viajó a Huaraz, tierra de sus abuelos maternos, donde estudió del primero al tercero de secundaria en el Colegio Nacional 'La Libertad'. A fines del 40 el aluvión que cubrió de piedra, lodo y árboles caídos dicha ciudad, lo arrastró hasta Lima siendo matriculado en el Colegio Nacional 'Nuestra Señora de Guadalupe', en cuyas aulas estudió el cuarto y quinto de secundaria, junto a sus compañeros con quienes atravesó momentos de angustia en aquella fatídica noche donde la furia de la naturaleza serrana enlutó a miles de hogares huarasinos.

Al culminar sus estudios y en momentos que se encontraba inscribiendo en la casona del Parque Universitario para postular a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, su amigo chiquiano José Bolarte Pardavé, le comunicó la noticia de que su papá Felipe se encontraba mal de salud en Chiquián y solicitaba su presencia; quedando truncos sus sueños de convertirse en abogado. En esas penosas circunstancias su hermano Rómulo quien había ocupado un lugar privilegiado en su aula del Guadalupe, postulaba a la Escuela Militar de Chorrillos, donde luego de estar a la vanguardia en los exámenes, como por arte de magia ocupó el puesto 51 de 50 que lograron su ingreso.

Como no todo es felicidad en la vida, su papá Felipe, quien pocos años atrás había sido Inca en la Fiesta de Santa Rosa, falleció el 5 de agosto de 1945 y Armando tuvo que radicar en Chiquián para ayudar a su mamá Victoria en la empresa panificadora y el transporte de camiones; mientras Rómulo, apenado por la muerte de su papá y por su frustrado deseo de convertirse en militar, se internó en el valle del Fortaleza donde arrendó el fundo Hornillos dedicándose a la producción de cereales y a la caza de camarones; años después abrazaría la profesión de ingeniero agrónomo.

Mamamita Victoria, abuela heroica, nos diste como legado un padre sencillo y ejemplar; nuestro mejor alimento fue el pan bendito que nos obsequiabas cada mañana. Dedicaste toda tu vida al trabajo honrado, olvidándote de la alegría de las fiestas. El cine y otras diversiones no existieron para ti; nunca te vimos llevar joyas ni maquillaje. Ni un día de reposo en la noble tarea de amasijo, ni siquiera el que te obligaba tu religión evangélica, siempre laborando infatigable, bello signo de tu paso por Chiquián que anidó tus grandes sueños de paloma. Recuerdo tu horno impecable, con palas de madera y tus estantes repletos de latas lustrosas donde dormían las semitas y los ricos bizcochuelos. También recuerdo a tus risueños panaderos Honocho, Policarpo y  Rococho, a quienes poco a poco vi envejecer con sus rostros tallados por el tiempo y el sudor del trabajo honesto. La práctica piadosa  fue el bálsamo para tu alma y cuerpo; fue un sublime ejemplo de entrega que nos enseñaste desde niños: ¡dar, siempre dar, fue tu consigna siguiendo el ejemplo de Jesús¡; hoy tus oraciones y tus cánticos con trompetas que resuenan en el cielo nos arrullan como poemas celestiales. Por todo ello nunca podré agradecerte por el gran padre que nos diste y porque en tu casa estudié mis cinco años de educación secundaria.

Así continuó Armando su vida en los cuarentas: fiestero, chupacaña, futbolista y camionero, entre Chiquián, Huaraz, Barranca, Huacho y Lima, siempre procurando el bienestar, no solamente de sus numerosos hermanos, sino también de los chiquianos y los amigos de los pueblos vecinos, con quienes siempre fue solidario y leal compañero a cambio de una linda amistad y cariño que mantuvo, mantiene y mantendrá. Una vez le pregunté si sus compañeros de viaje pagaban pasaje. Él, risueño como siempre, me dijo: 'el servicio de pasajeros de panagra (baranda) no, pero el transporte de carga sí, sino me iba a la quiebra'. ¡Y qué hay de los pasajeros de caseta!, le retruqué. 'También gratis, porque ahí sólo viajaban mujeres y chiuchis', me dijo contemplando el horizonte con sus ojos brillantes...

En 1948 contrajo matrimonio con Teresa Jesús Balarezo Calderón, con quien tuvo siete hijos: Mirtha Victoria, Arnaldo Armando (fallecido), Armando Arnaldo, Felipe Segundo, Catalina Teresa, Elizabeth Victoria (fallecida) y Edith Victoria. Desde los cincuentas a los setentas se dedicó en cuerpo y alma a supervisar los negocios de su mamá Victoria, a administrar una tienda comercial y al transporte de ganado, productos de pan llevar y minerales hacia Lima, y de retorno a Chiquián, productos manufacturados de la costa para abastecer las tiendas de la localidad y las poblaciones cercanas; todo ello, atravesando la difícil geografía ancashina, que para ese entonces sólo contaba con una vía de penetración afirmada y encalaminada, donde las ruedas traseras del camión, de vista a los precipicios, salían sobrando.

También se dedicó a compartir con sus compañeros del Tarapacá la responsabilidad de organizar la fiesta de Santa Rosa en la década de 1950, participando como Capitán, Abanderado y Acompañante, con un chinguirito en una mano, con una cerveza en la otra y una palla en cada brazo durante las pinquichidas y las huaylisheadas que se desarrollaban de Umpay a Quihuillán y de Jircán a Shulu; aunque no faltaban las serenatas con arpa y violín, techas de casas con huarastucoj, pinkullo y roncadora, así como los felices encuentros nocturnos en el “Video Pub” de Penco donde Bellota, Jacinto Palacios y Cañita cantaban tangos gauchos, boleros cantineros y huaynos llorones con guitarra y cucharas.

Asimismo fue Gobernador, Sub Prefecto, Comunero y uno de los más entusiastas fundadores del ecológico Tarapacá de sus amores, equipo de fútbol donde militó por muchos años con su zurda prodigiosa, ganando trofeos a lo largo y ancho de Ancash y los pueblos colindantes de Huánuco, junto a sus compadres de la verde, el chinguirito y la cerveza al polo; solo que de las copas ganadas nadie sabe donde están, seguramente algunas sirvieron de tiestos, otras de ollas y tal vez una que otra de bacinica o tal vez un buen samaritano las donó a algún equipo anémico de triunfos, todo es posible en la “Incontrastable Villa”. En una oportunidad le pregunté si su equipo ganaba todos los partidos. 'Es una ofensa que preguntes eso hijo, pregúntame por cuánto era la goleada... ', me dijo y lanzó una carcajada a la brisa del recuerdo.

Como experimentado lazador de toros para transportarlos a la costa, ingresó muchas veces a los ruedos de los pueblos de la provincia, saliendo victorioso, hasta que una tibia tarde taurina de Santa Rosa (3 SET 63) fue gravemente herido en el cuadrilátero de las mil palincas de Chiquián, y elevado al cielo eternos segundos por los chuecos pitones de una vaca machorra de Jahuacocha que lo encontró en su loca carrera mirando distraído a una palla de Obraje. Lo curioso de aquella tarde de vacas locas, no de arena, ni de cal, sino de tierra que raspaba como lija, estuvo más sobrio que nunca, pues desde el primero de enero de 1960 para adelante nunca más se metió un trago a excepción de un caramelo de licor y otro de menta para endulzar los sentidos. Desde aquel entonces colgó el poncho y la bufanda en la plaza de toros de Jircán. Hoy torea a los bravos en el plato, bien condimentado, encebollado, con abundantes papas fritas y dos huevos montados sin sus yemas, para evitar el colesterol elevado.

En agosto del 64, después de una semana de cólicos estomacales fue internado de emergencia en la clínica Good Hope. Allí los médicos lo desahuciaron debido a una severa septicemia producto de una apendicitis que lo consumió segundo a segundo hasta llegar a pesar 39 kilos pijama y todo; pero para asombro de los galenos, cuando ya elucubraban con una inminente necropsia, se levantó como el Ave Fénix y a los dos días reapareció en Chiquián manejando su carro azul. Sus amigos al verlo no lo reconocieron, porque parecía calavera parlante al volante. Un año después, en ese mismo vehículo, fue hallado inconsciente lejos de la carretera en Pampas Chico cerca de Conococha (4,100 m.s.n.m), sentado con la cabeza pegada al timón, al lado de su  amigo Turco. El lento envenenamiento subiendo Raquia, Vinuc, la curva de Huambo, Incahuaganga y Chojlla, fue ocasionado por la rotura de la matriz del tubo de escape del motor, de donde salió monóxido de carbono e ingresó a la caseta dejándolos morados con aroma a panteón... al cabo de unas horas de cuidados intensivos, asistidos por las manos generosas de Víctor Tadeo Palacios, reaccionaron ambos y continuaron el viaje vivitos y coleando. Lo anecdótico fue que no se acordaron de nada y esa misma noche retornó a Lima con cien sacos de mineral del profesor Manuel Roque Dextre y veinte chipas con quesos de Tallenga de la familia Ramos Ibarra.

A mediados de los setentas se trasladó a la ciudad de los reyes, donde impulsó la formación de empresas de transportes de pasajeros en Lima, Callao y Ancón, con su hermano Santiago y su primo Pancho Alva, actividad que cumplió hasta 1995 en que fue atraído por el aroma a tierra mojada por la lluvia y a musgo verde de la cascada de Putu, retornó a Chiquián para cumplir uno de sus más bellos sueños, reconstruir con ayuda de su esposa Jesús y su hijo Felipe, la casa materna que mamamita Victoria construyó con mucho sudor y prestó de todo corazón por más de 30 años y que fue casi devastada por los tinyacos del Coronel Bolognesi y los shulacos del Instituto Agropecuario, así como por los detenidos del Puesto de la Guardia Civil y los internos de la Cárcel de Chiquián, que habitaron la casona.

Desde el viaje eterno de su esposa Jesús el 20 de febrero del 2002,  radica entre Lima y Chiquián. En Lima como consejero espiritual de sus hijos, nietos y bisnietos, también como lector de la sección modas y pasarela de los diarios matutinos, y en las noches como comentarista familiar de reportajes televisivos de la política chicha y la farándula chola. En Chiquián administra media docena de chacras con muros de piedras y hualancas y un próspero hospedaje popular estrellado, que más que ganancias le da satisfacciones por los servicios prestados a los sufridos viajeros que hacen escala en 'Espejito del Cielo'.

'Don Arman', como te llamamos de cariño, en este bello día cumples 83 setiembres primaverales, eres el segundo hijo del matrimonio chiquiano Alvarado Montoro, de cuyo sólido tronco también nacieron los finaditos Rómulo, Ela, Telmo el crespo, Hilda, Medardo, Telmo el lacio, Adolfo y Betty. Hoy nos acompañas en este amado mundo con tus queridos hermanos: Chela, Abel, Edivia, Chanti e Imicha. Un fuerte abrazo papá, te queremos mucho.  

A NOMBRE DE TUS AMIGOS, HIJOS, NIETOS Y BISNIETOS. MUCHAS GRACIAS POR TU EJEMPLO Y TU CALOR COTIDIDANO, CUAJADO DE DATOS SOBRE TU LARGO ANDAR BOLOGNESINO CON LOS QUE ALIMENTO  MI AUTODIDACTA  NARRATIVA Y POÉTICA ANDINA. QUE DIOS TE COLME DE BENDICIONES'.

Nalo  15 SET 2005 

http://nalochiquian.blogspot.com/

http://naloalvaradochiquian.blogspot.com/

viernes, 9 de enero de 2009

La Familia Cáceres En El Deporte Del Tiro Al Blanco

La familia Cáceres López, oriundos de  la ciudad de Huaraz, han marcado y siguen marcando historia en el deporte del tiro al blanco, específicamente en las modalidades de fusil y carabina. El tronco de todos ellos fue Don Manuel Cáceres Pérez, que desde el año 1,917 empezó a practicar este viril deporte, defendiendo los colores del legendario Club de tiro “Huaraz Nº 40”, del cual, fue uno de sus socios fundadores, participando en competencias en las que se disparaba a 300 metros con el legendario fusil Mauser Original Peruano Modelo 1909, calibre 7.65 mm, en el campo de tiro de “El Pedregal”.

Don Manuel y su esposa la Sra. Alejandrina, tuvieron 5 hijos: Clotilde, Javier, Zoila, Oscar y Gloria. Todos ellos desde pequeños acompañaban en su tierra
 natal a Don Manuel en sus prácticas dominicales del deporte del tiro con fusil, como marcadores de su padre en la trinchera. Luego, como premio a su trabajo, disparaban una o dos balas con el fusil del papá, 
lo que para ellos era la mayor recompensa que podían recibir. Así es como nació en esos muchachos la afición por el deporte del tiro al blanco. 

En el año 1951, toda la familia Cáceres López tuvo que emigrar a Lima, por razones de trabajo y de estudios, inscribiéndose en el Club de tiro “Ministerio de Hacienda Lima Nº 364, donde rápidamente se hicieron de un lugar en los equipos de dicha institución, contribuyendo a innumerables triunfos de   ella. Es así como muy pronto, los integrantes de la familia Cáceres López, se dieron a conocer como expertos cultores del deporte del tiro al blanco. 

A continuación y en apretada síntesis, los principales méritos y logros alcanzados por esta familia de tiradores, que han logrado notable prestigio nacional e internacional. 

DON MANUEL CACERES PEREZ. 

Don Manuel, desde sus inicios, se convirtió por su entusiasmo y tesonero esfuerzo en el impulsor de este deporte en Huaraz; así, desempeñándose como Capitán de tiro de su querido Club Huaraz Nº 40. fue el artífice de los notables triunfos que logró este Club, en competencias como la realizada en 1937 frente  al Club de tiro “Huacho Nº 23”, los Campeonatos Nor Peruano de Trujillo y Chiclayo; el Campeonato “Presidente de la República” del año 1938 y el gran Concurso Feria de Octubre del año 1949, realizados en Lima. Fue también Campeón del Norte en los Juegos Inter. Regionales año 1951. 

Don Manuel tiene también el mérito de ser el iniciador del tiro en tres posiciones en Huaraz, y como su representante, intervino por espacio de 20 años en las pruebas finales del Concurso “Juan Gildeméister”, llegando a ocupar el año 1939 un honroso segundo lugar. Si bien no llegó a ganar este gran concurso, el tiempo lo premió viendo realizado este anhelo en sus dos hijos: Oscar y Javier. 

SRA. ALEJANDRINA LOPEZ DE CACERES 

Esposa de Don Manuel y Madre de  campeones de tiro, fue también verdadera artífice de toda esta campaña, porque siempre contagió entusiasmo y prestó todo su apoyo a su esposo e hijos, para que se superen cada vez más en este deporte. No contenta con eso, aprendió también el manejo de las armas y fue experta tiradora con fusil y carabina. Por todo ello, doña Alejandrina se ganó el apelativo de “La abuelita del fusil”, integrando también el equipo de tiro de damas del Club de Tiro Ministerio de Hacienda. 

SRA. CLOTILDE CACERES DE IRATO. 

La Sra. Clotilde, habiendo residido casi toda su vida en  Huaraz, fue notable integrante y defensora de los colores de su querido Club “Huaraz Nº 40”. Intervino en los Concursos Nor Peruano de Trujillo, Chiclayo y Piura, habiéndose clasificado como Campeona del Norte en el primer evento de los nombrados. 

Practicó también el tiro de posiciones y fue finalista del gran Concurso Gildeméister en tres oportunidades, obteniendo resultados muy honrosos. Fatalmente la Sra. Clotilde, nos dejó, vale decir, falleció el año 1998. 

SRA. GLORIA CACERES LOPEZ 

La menor de la familia también se distinguió desde niña como experta en el manejo de la carabina. Formó parte del equipo femenino del club de  tiro Ministerio de Hacienda, junto con notables tiradoras de esa época como Ketty, Peggy y Marina Baldwin, contribuyendo al logro de muchos triunfos de su institución. 

JAVIER CACERES LÓPEZ 

Notable tirador Nacional e Internacional. Los siguientes son sus principales méritos y logros: 

-       A Nivel Nacional: 

.    Ganador del Gran Concurso Nacional “Juan Gildemeister” en el año 1953

.        4 veces Campeón Nacional de Tiro con fusil en tres posiciones

.       5 veces ganador del Concurso de Tiro “La Laureada, exclusivo para ganadores del “Gildemeister”.

.       Record Nacional de tiro con fusil en tres posiciones, año 1961

.       Condecorado con los “Laureles Deportivos del Perú” en el grado de “Oficial”. 

-                     A Nivel Internacional:

.       Deportista que por espacio de 30 años ha defendido los colores patrios en Competencias Internacionales de Tiro.

.  Tres veces Campeón Sudamericano de Tiro con fusil en tres posiciones

.       Cinco veces Campeón Bolivariano

.       Medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Sao Paulo- Brasil, año 1963

.       Ostenta los títulos de “Maestro Tirador, a nivel Panamericano, Bolivariano y Nacional. 

SRA. ZOILA CACERES LOPEZ 

Zoila heredó también igual que sus hermanos, las virtudes deportivas de sus padres, y con el ingrediente de su pundonor y constancia, bien pronto se hizo una experta tiradora con fusil y carabina olímpica. También practicó con gran suceso el tiro de posiciones y en esta modalidad fue varias veces finalista del concurso Gildeméister, habiendo logrado hasta un honroso sexto lugar a nivel nacional. 

En el ámbito internacional ha sido triple campeona sudamericana; intervino también en el Campeonato Mundial de Tiro en 1966 en Alemania y por tres años consecutivos, fue nominada por el Círculo de Periodistas Deportivos del Perú, como la “Mejor tiradora del Año”. Por todo ello, el Ministerio de Educación y la máxima entidad del deporte le han otorgado – igual que a sus hermanos  Javier y Oscar – los Laureles Deportivos del Perú. 

Finalmente, el año 2004, Zoila asistió al Campeonato Sudamericano de Tiro para mayores realizado en Buenos Aires, Argentina; de este evento trajo tres medallas de oro por sus tres notables triunfos en las pruebas de carabina y fusil. Además de ello, en el año 2005 asistió a los Sextos Juegos Mundiales para Máster que se realizó en Edmontón-Canadá, donde ganó 3 medallas de oro, coronándose Triple Campeona Mundial Máster de Tiro. 

ING. OSCAR CACERES LOPEZ 

El Ingeniero Oscar Cáceres López, es evidentemente el abanderado de este grupo familiar de deportistas que  honran a los huarasinos, a los ancashinos y a los peruanos en general. Sus innegables méritos lo han señalado, sin lugar a dudas, en muchos años como el mejor tirador de armas largas en el Perú. La apretada síntesis de sus principales logros,  van a dar testimonio de lo expresado:

A NIVEL NACIONAL 

-                     Ganador de 270 concursos oficiales de tiro.

-                     65 veces Campeón Nacional de fusil y carabina.

-                     Ganador del Concurso “Juan Gildemeister” en el año 1952

-                     19 veces ganador del Concurso “La Laureada”, exclusivo para ganadores del  Concurso Gildemeister.

-                     Dos veces condecorado con los Laureles Deportivos

del Perú, en los grados de Oficial y de Gran Cruz de oro

respectivamente, con mención de su nombre en la

fachada norte del Estadio Nacional. 

        A NIVEL INTERNACIONAL 

-                     9 veces Campeón Sudamericano

-                     8 veces Campeón Bolivariano

-                     1 vez Sub-Campeón Panamericano en Chicago, año 1959

-                     5 veces Sub-Campeón Sudamericano

-                     Medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Sao Paulo, año 1963

-                     48 competencias internacionales representando al Perú .

-                     Dos veces Campeón Mundial Máster de Tiro con fúsil y carabina, cuando asistió el año 2005 a los Juegos Mundiales para Máster que se realizaron en Edmontón-Canadá 

En consideración de estos méritos y a su brillante carrera deportiva, el deporte peruano lo ha distinguido designándolo como  abanderado de las delegaciones peruanas en las siguientes competencias:

.       Campeonato Mundial de Tiro en Seúl - Corea. Año 1978

.       Olimpiadas de Moscú, año 1980.

.       Juegos Bolivarianos de Barquisimeto. Venezuela, año 1981;   Campeonato Mundial “Benito Juárez” de México, año 1984. 

Pero la historia no concluye ahí, porque los hijos de Oscar, Beatriz y Oscar Jr. son también excelentes tiradores, en carabina la primera y fusil y carabina el segundo, habiendo ganado varios concursos ambos y siendo Campeón Nacional de fusil este último, el año 1996. 

Tal a grandes rasgos, los méritos deportivos de esta familia de tiradores huarasinos, que supieron defender el prestigio de nuestra patria, nuestro Departamento y  nuestro querido Huaraz, su ciudad natal.  

Lima, Enero del 2009